El caso
Un recién nacido prematuro de 23 días de vida se encontraba hospitalizado en la unidad de cuidados intensivos neonatales. Como es habitual en estos pacientes, recibía hidratación y varios medicamentos por una vía intravenosa periférica colocada en su mano izquierda.
Durante el tratamiento esa vía se infiltró. Es decir: el catéter dejó de estar correctamente dentro de la vena y los líquidos que debían llegar al torrente sanguíneo se filtraron hacia los tejidos de la mano.
Qué es una lesión por extravasación
La extravasación es una de las complicaciones más frecuentes de las vías intravenosas en neonatología, y también una de las más subestimadas. Los recién nacidos prematuros son especialmente vulnerables: sus venas son diminutas, su piel es fina y su tejido subcutáneo es escaso.
Cuando el medicamento que se filtra es irritante , no queda como una simple hinchazón. Daña químicamente el tejido. El resultado clínico es indistinguible de una quemadura, y por eso se la llama quemadura química. Puede afectar la piel, el tejido celular subcutáneo y, en los casos graves, estructuras más profundas.
En este paciente la lesión evolucionó a una úlcera de aproximadamente 3 por 3 centímetros en el dorso de la mano izquierda, cubierta por tejido esfacelado y necrótico.
Dos términos que conviene traducir:
- Tejido esfacelado: tejido muerto de aspecto amarillento, blando y adherido. No cumple ninguna función y bloquea la cicatrización.
- Tejido necrótico: tejido muerto seco, generalmente oscuro y de consistencia dura.
Mientras esos tejidos estén presentes, la herida no puede cerrar. El primer objetivo de cualquier tratamiento es removerlos.
Por qué se buscó una alternativa a la cirugía
El paciente fue evaluado por Cirugía Plástica, que indicó resección del tejido esfacelado y necrótico y colocación de injertos dermoepidérmicos. Es una indicación técnicamente correcta.
El punto a considerar era el contexto. Se trataba de un prematuro de 23 días en cuidados intensivos. Llevarlo a quirófano implicaba anestesia general en un paciente con reserva fisiológica muy limitada, una zona donante para tomar el injerto (es decir, una segunda herida) y el riesgo de que el injerto no prendiera.
Por eso se solicitó la valoración de la clínica de heridas antes de programar la cirugía. La pregunta era concreta: ¿puede esta herida cerrar por segunda intención con manejo avanzado?
El protocolo de curación avanzada
Se inició un protocolo de curación avanzada de heridas con una sola curación semanal durante ocho semanas.
Esa frecuencia sorprende a mucha gente, porque la creencia extendida es que una herida se cura mejor mientras más seguido se la limpia. Es al revés. Cada cambio de apósito interrumpe el proceso: RETROCEDE LOS AVANCES LOGRADOS EN LA CURACION ANTERIOR DE LA HERIDA, retira el exudado que contiene los factores de crecimiento y arrastra las células nuevas que se están formando. En un recién nacido, además, cada curación es un episodio de dolor y de estrés.
La curación avanzada trabaja sobre principios distintos a la curación tradicional:
- Ambiente húmedo controlado. La herida cierra más rápido y con mejor calidad de tejido en un medio húmedo que secándose al aire.
- Desbridamiento selectivo. Remover el tejido no viable de forma progresiva, sin dañar el tejido sano.
- Control de la carga bacteriana sin recurrir a antisépticos tóxicos para las células en regeneración.
- Apósitos de permanencia prolongada, que permiten espaciar las curaciones y proteger el proceso.
La evolución
La respuesta fue progresiva y sostenida. El tejido esfacelado y necrótico fue cediendo, apareció tejido de granulación sano y los bordes comenzaron a contraerse y a epitelizar desde la periferia.
A la octava semana se verificó el cierre completo de la lesión ulcerada.
Sin cirugía. Sin injerto. Sin zona donante. Sin anestesia general.
Qué podemos aprender de este caso
La indicación quirúrgica no siempre es la única salida. Una segunda valoración por un equipo especializado en heridas puede cambiar el plan terapéutico. Esto no significa que la indicación de Cirugía Plástica fuera incorrecta: significa que existía una alternativa menos invasiva que valía la pena intentar primero.
Más curaciones no es mejor tratamiento. Una curación semanal bien hecha superó lo que muchos esperarían de curaciones diarias.
El potencial de regeneración del recién nacido es extraordinario. La piel neonatal cicatriza de una forma que la piel adulta no puede igualar. El rol del especialista es no interferir.
La extravasación es prevenible. La vigilancia frecuente del sitio de punción, la rotación programada de vías y los protocolos de detección precoz reducen de forma significativa estas lesiones.
Preguntas frecuentes
¿Qué pasa si se infiltra la vía de mi bebé?
En la mayoría de los casos solo hay hinchazón y enrojecimiento que se resuelven solos. Cuando el medicamento es irritante o puede producirse daño del tejido y una lesión similar a una quemadura. La detección temprana es lo que marca la diferencia.
¿Toda quemadura por extravasación necesita injerto de piel?
No. La indicación depende de la profundidad, la extensión, la localización y el estado del paciente. Muchas lesiones cierran por segunda intención con manejo avanzado, como en este caso. La decisión debe tomarla un equipo especializado tras valorar al paciente.
¿Duele la curación avanzada en un bebé?
El objetivo del protocolo es justamente reducir el dolor: menos frecuencia de curaciones, apósitos que no se adhieren al lecho de la herida y técnicas de retiro atraumático. Es sustancialmente menos doloroso que la curación tradicional diaria con gasa.
¿Va a quedar cicatriz?
Toda herida que compromete la dermis deja algún grado de cicatriz. La ventaja del cierre por segunda intención bien conducido en un recién nacido es que la cicatriz suele ser de mejor calidad, y no se suma la cicatriz de la zona donante del injerto.
¿Cuánto demora en cerrar una herida así?
Depende del tamaño, la profundidad y el estado general del paciente. En este caso fueron ocho semanas. Cada paciente evoluciona distinto y ningún plazo puede garantizarse de antemano.